Grupo Carinsa

Grupo Carinsa consigue una nueva patente con el chicle que cambia de sabor

Esta nueva invención se suma a la larga lista de patentes y modelos de utilidad (free-to-use) que ha registrado la compañía

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Grupo Carinsa acaba de conseguir una nueva patente gracias al desarrollo del llamado “chicle dual”, una goma de mascar que cuando empieza a consumirse tiene un sabor y tras un rato masticándolo cambia de gusto. Esta invención ha sido posible tras tres años de investigación del equipo de I+D+i de la compañía, que empezó a trabajar en este proyecto al detectar la necesidad de introducir en el mercado de la confitería productos disruptivos.

El chicle dual funciona de forma secuencial, tal y como explica el director de I+D+i de la División de Confitería de Grupo Carinsa, Àngel Palomes: “Hemos combinado aromas líquidos con otros microencapsulados con componentes poco solubles, de forma que la saliva los disuelve muy poco a poco. En ese momento es cuando el consumidor percibe el cambio de sabor en el chicle”. La tecnología aplicada a este producto está basada en procedimientos propios del ámbito farmacéutico, que han sido aportados por un equipo de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona a través del programa de Doctorados industriales.

Grupo Carinsa está terminando de hacer los ajustes necesarios al chicle dual antes de empezar a comercializarlo entre sus clientes. “Tenemos a varias empresas interesadas en adquirir este producto, así que lo estamos perfeccionando para que cuando llegue al consumidor sea una auténtica y novedosa experiencia”, detalla la CEO de Carinsa, Vanesa Martínez.

Más allá del cambio de sabor, la tecnología del chicle dual podría aplicarse también en el ámbito de la salud. El equipo de I+D+i de la compañía está investigando la incorporación tanto de probióticos como de componentes que ayuden a prevenir las caries. También se está estudiando la posibilidad de que el chicle dual  funcione como un indicador de patologías de rápida detección, como el hígado graso.

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Grupo Carinsa llena de olor y sabor el mundo

Desde su creación, en 1993, ha llevado a cabo más de 100 proyectos de I+D+i

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Un técnico de Carinsa investiga en el laboratorio de alimentación en Sant Quirze del Vallès (Barcelona).
Madrid  17 ENE 2019

Detergentes que huelen a pino, ambientadores con fragancia de colonia de bebé, yogures con sabor a fresa… En definitiva, infinidad de aromas y aditivos que reproducen sabores y olores de la naturaleza en productos de limpieza, higiene personal y alimentación humana y animal. Esta es la actividad a la que desde 1993 se dedica el grupo catalán Carinsa.

“Mi padre, Alberto Martínez, era ingeniero químico y con ayuda de mi madre formaron la empresa con un doble objetivo: crear un mundo enfocado al consumidor para hacer crecer a nuestros clientes y al mismo tiempo apostar por la sostenibilidad”, cuenta Vanesa Martínez, quien, junto a su hermana Denia Martínez, se encarga desde 2005, cuando su padre falleció de forma repentina, de dirigir la compañía. Vanesa, como presidenta y directora general, y Denia, como vicepresidenta.

La firma catalana destina el 20% de su facturación y el 40% de su plantilla a la innovación

En aquel momento, Grupo Carinsa contaba con 66 trabajadores y una facturación de 8,6 millones de euros. En 2017, la plantilla superó las 150 personas y su facturación ascendió hasta los 44 millones. De 2018, todavía no tienen datos, pero confían en crecer un 20%. El 40% de sus ingresos proviene del exterior, donde tienen presencia en más de 50 países. De cara a 2025 esperan facturar 100 millones y ganar 25 millones.

Desde sus inicios, para acercarse al cliente, investigaban no solo en el ámbito del producto de Carinsa, sino que “queríamos ser los que más sabíamos del producto final del cliente”, afirma Vanesa Martínez. Esta voluntad implicaba, por ejemplo, ser especialistas en la fabricación del aroma de fresa, pero además conocer perfectamente los sistemas de producción de los chicles de fresa.

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Vanesa Martínez, presidenta y directora general de la compañía.

Para ello, la compañía decidió abrir diferentes plantas piloto de fabricación de muchos productos finales de sus clientes. Muchas de ellas forman parte hoy de su departamento de I+D. “Una de las grandes patas de nuestro negocio, y parte de nuestro ADN como compañía, es la I+D+i, a la que todos los años destinamos el 20% de nuestra facturación. El 40% de nuestra plantilla está dedicada a este objetivo y el 30% de ellos son doctores. Es decir, contamos con gente muy especializada que tiene mucho conocimiento de un tema concreto”, asegura la CEO.

Desarrollos

Fruto de ello, durante sus 25 años de actividad han participado en más de 100 proyectos de investigación, de los cuales 20 están todavía vivos. “En estos proyectos nos relacionamos y colaboramos con el entorno y todos los miembros de la cadena de valor: clientes, proveedores, universidades, centros de investigación e innovación, hospitales, incluso con la propia Administración”, indica. MarruecosArgeliaMéxico o India son algunos de los países con los que Carinsa colabora estrechamente en I+D+i, además de con muchos de Europa, como Noruega.

Las patentes que han desarrollado se están explotando y continúan innovando en otras. Un ejemplo en el sector de los detergentes es Eco-Soft. Subvencionado con más 1,5 millones de euros del programa europeo Horizon 2020, es una planta de fabricación de microcápsulas ecosostenibles y biodegradables que contienen la fragancia del suavizante de la ropa, permitiendo que permanezca durante más tiempo en las prendas, y reducen la contaminación del agua en el lavado.

En alimentación, Carinsa trabaja con Marruecos en una iniciativa novedosa de elaboración de derivados cárnicos con menos grasa y sal

Con Marruecos trabaja en el primer proyecto bilateral de I+D+i entre España y el país norafricano, cuyo objetivo es fabricar derivados cárnicos saludables reducidos en grasa y sal, con las mismas características organolépticas y de textura que los elaborados tradicionalmente.

En economía circular, la compañía trabaja en la revalorización de subproductos de la industria agroalimentaria para la obtención de nuevas fuentes de proteínas para buscar soluciones a la falta de este tipo de nutriente de origen animal que pronostica la FAO para el año 2050. También desarrolla pautas nutricionales personalizadas en función de factores genéticos, genómicos y metagenómicos.

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